Un niño de 12 años del estado de Santa Catarina, en Brasil, está llamando la atención en las redes sociales por una misión poco común para alguien de su edad: fabricar rosarios con semillas conocidas como «Lágrimas de la Virgen» y distribuirlos entre los niños hospitalizados.
Samuel Hoffmann, que vive en la ciudad de Brusque, participa en una labor de evangelización en hospitales y ha encontrado una manera sencilla de dejar un regalo significativo a los niños que visita. Con sus propias manos cultiva la planta, recoge sus semillas y las utiliza para elaborar rosarios que reparte durante sus visitas.
La historia comenzó hace algunos años, cuando Samuel desarrolló una profunda devoción a la Virgen María. Según él, todo empezó cuando tenía siete años y veía diariamente programas católicos junto a su abuelo. Poco después, recibió una invitación que cambiaría su vida.
«Cuando tenía ocho o nueve años, una religiosa llamada sor Terezinha me invitó a visitar el hospital. Nosotros tocábamos música para los niños, pero yo quería dejarles un regalo que les recordara la importancia de rezar».
La solución llegó de una manera inesperada. Una de las tías de Samuel llevó a casa unas semillas de una planta conocida popularmente como «Lágrimas de la Virgen», que algunas personas también identifican como el «Lirio de los Valles». Samuel decidió plantarlas en el jardín de su casa. A medida que la planta fue creciendo, tuvo la idea de utilizar sus semillas para fabricar rosarios. Samuel comenta: «Cuando visitas la habitación de un niño y ves que lo que le has llevado le ha hecho más feliz, eso también me hace muy feliz a mí».
Hoy en día, los rosarios de Samuel forman parte de la misión que se realiza durante las visitas al hospital. Mientras muchos niños de su edad pasan el tiempo jugando videojuegos, navegando por las redes sociales o viendo televisión durante largas horas, Samuel dedica parte de cada día a la oración, a la evangelización y a la elaboración de rosarios que él mismo entrega personalmente a los pequeños pacientes.
Su madre, Maristela Hoffmann, cree que el camino de fe de su hijo ha transformado a toda la familia. «De hecho», afirma Maristela, «fue él quien nos buscó y nos llevó consigo. Nos acercó aún más a la Iglesia». También destacó la importancia del testimonio cristiano. «Es hermoso ver a tantos jóvenes seguir este camino. Las personas necesitan dar testimonio para inspirar a otros a hacer algo por el prójimo». La abuela de Samuel ha seguido de cerca su recorrido y se emociona al hablar de su nieto. «Hoy veo cómo su fe sigue creciendo, y eso me llena de una enorme alegría».
Lo que comenzó como una sencilla devoción a la Virgen María se ha convertido en una pequeña misión. A través de las semillas, los rosarios y las visitas al hospital, Samuel ofrece a los niños algo que no siempre puede encontrarse en los medicamentos o en los tratamientos, aunque estos también contribuyan a la curación. Con tan solo 12 años, continúa haciendo aquello que cree que Dios le ha llamado a realizar: llevar esperanza a otros niños.
Joe Galea
Miembro de la SDC


