En el Cuarto Domingo de Adviento celebramos el amor. A través de la llama de la vela del Cuarto Adviento, recordamos el profundo amor que Dios nos tiene como seres humanos. Este amor se hizo visible cuando el Hijo de Dios se hizo hombre. Jesús es el signo más visible de este amor, pues ya no es algo abstracto, sino un amor encarnado.
A través del nacimiento del Niño Jesús, Dios nos muestra cómo debe ser nuestro amor: nuestro amor por Él, por nosotros mismos y por los demás.
San Jorge Preca nos enseña que debemos tener un corazón ardiente por Dios, que nos ama con un amor inconmensurable; un corazón de bronce hacia nosotros mismos, para que podamos controlar nuestras pasiones y permitir que nos sirvan para el bien; y un corazón de carne para el prójimo, capaz de amar con compasión.
Oremos con San Jorge Preca: ¡Señor Dios, enciende nuestros corazones con tu amor!
Dedica un momento a la reflexión personal en este Cuarto Domingo de Adviento:
- ¿Cuán profundamente creo que Dios me ama?
- ¿Mis acciones dan testimonio de cuán grande es mi amor por Dios?
- ¿Reflejo el amor de Jesús en mi trato con los demás?


