La fe católica nos exige creer en la Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sin embargo, no debemos olvidar nuestra devoción a la Santísima Virgen María, nuestra Madre. Nuestro Fundador es un claro ejemplo de alguien que vivió una auténtica devoción a la Virgen y que la promovió constantemente con su ejemplo y sus obras.
San Jorge Preca manifestaba su devoción a Nuestra Señora en sus homilías, no solo porque hablaba con frecuencia de ella, sino también porque, quizá sin proponérselo, dejaba entrever el inmenso amor que le profesaba por la manera en que hablaba de ella. El P. Joseph Fenech escribió que nuestro Fundador conservaba en su casa una imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo y que, cada vez que pasaba ante ella, se detenía para rezar: «Madre del Buen Consejo, ruega por mí». La profunda devoción del Fundador a la Santísima Virgen se refleja también en el episodio en que, al regresar a casa preocupado por ciertos problemas, se detuvo a orar ante su imagen y escuchó una voz que salía de ella diciendo: Serva Silentium, que significa «Guarda silencio». Desde aquel momento, el Fundador comenzó a saludar la imagen con esta oración: «Tú me diste una regla tan hermosa; ayúdame a obedecerla».
Nuestro Fundador no solo practicó esta devoción, sino que también la promovió activamente. Durante las homilías de la Misión Popular (conocidas hoy como la Semana de Formación), animaba con frecuencia a los asistentes a llevar siempre la Medalla Milagrosa con la imagen de Nuestra Señora, para que los protegiera de todo peligro del cuerpo y del alma. En sus escritos nos enseña que debemos dar gracias no solo a Dios, recordando que Él es el Creador de todas las cosas, sino también a la Santísima Virgen María. También incorporó esta devoción a Nuestra Señora en el Reloj de Oración, el libro de oraciones diarias de los miembros de la SDC.
¿Por qué debemos honrar, agradecer y profesar devoción a nuestra Santísima Madre? San Jorge Preca responde claramente a esta pregunta en su obra Aula Sanctae Matris Virginis: para que ella se complazca en nosotros como verdaderos hijos suyos y como hijos de Dios, y se alegre al vernos llevar con devoción la Medalla Milagrosa. Nuestro Fundador nos enseña que la devoción a Nuestra Señora es una gran gracia y que, si la amamos sinceramente, le somos fieles y difundimos esta devoción, ya sea mediante el Rosario, la Medalla Milagrosa o cualquier otra práctica mariana, nunca caeremos en la confusión; ella nos asistirá y nos ayudará a conservar en nuestro corazón un santo temor de Dios.
Jan Spiteri
Candidato de la SDC

