El tercer domingo de octubre, la Iglesia celebra el Domingo de las Misiones para recordarnos nuestra vocación misionera. Nos recuerda que todo cristiano es enviado a proclamar la Palabra de Dios, tanto con las palabras como con el ejemplo. Este es el deber de todo cristiano, quien en el Bautismo recibió la responsabilidad de llevar a Jesús a todos aquellos con quienes se encuentre.
Jesús mismo es el Misionero enviado por el Padre para traer a la humanidad todo lo que el Padre quiso revelarnos. A través de su misión, reconcilió la creación con el Creador. Es Jesús mismo quien, después de haber cumplido su misión en la tierra, nos envía a continuar su obra: “Como el Padre me envió, así también yo os envío” (Juan 20, 21). Cada cristiano es una misión, pues a través de cada persona Dios Padre desea realizar algo hermoso entre los seres humanos.
El deseo de San Jorge Preca, “que todo el mundo siga el Evangelio”, refleja el celo misionero que lo inspiró a fundar la Sociedad de la Doctrina Cristiana (SDC), mediante la cual el Evangelio continúa difundiéndose.
Por la gracia de Dios, la SDC está hoy presente en Malta y Gozo, Inglaterra, Polonia, Albania, Kenia, Perú, Cuba, Filipinas y Australia. Continuemos orando para que el Señor Dios siga obrando a través de la Sociedad, de modo que Jesús sea cada vez más conocido y amado.
Oh Dios, Padre del bendito Jesucristo, siguiendo la exhortación de tu Hijo,
te rogamos envíes obreros al mundo para enseñar a la gente que se encuentra en la ignorancia de la fe;
de tal forma que todos lleguen a conocerte,
al único Dios verdadero y al mismo Jesucristo que tú enviaste al mundo para ser su Salvador.
Sabemos que tú quieres que todos los seres humanos alcancen
la salvación y conocemos también que sin tu gracia nadie puede hacer nada;
por lo tanto, con confianza invocamos tu santo nombre sobre nosotros.
Solo una cosa es necesaria para nosotros los seres humanos:
alcanzar la salvación de nuestra alma.
Podemos lograrlo si aparecemos ante tus ojos como objetos de tu misericordia.
Encontramos mucho consuelo al saber que tú eres siempre misericordioso y perdonas,
por lo que entregamos nuestro espíritu en tus manos.
Todo honor y toda gloria sean por siempre y únicamente a ti, oh Todopoderoso. Amén.


