Al comenzar el nuevo año, 2026, dirigimos nuestra mirada a nuestra Madre María y la saludamos con su título más sublime: Madre de Dios. No existe título más grande con el que podamos honrar a la Santísima Virgen, pues en él se resumen todas las gracias que Dios Padre le concedió. Puesto que María es la verdadera madre de Jesús, que es Dios Hijo, con toda razón la proclamamos Madre de Dios, la mujer más bendita de toda la historia.
Hoy la Iglesia Católica celebra también la Jornada Mundial de la Paz. En un mundo marcado por la agresión y la violencia, anhelamos profundamente el don de la paz anunciado por los ángeles a los hombres de buena voluntad, es decir, a quienes buscan cumplir la voluntad de Dios.
Señor Dios, en cuyas manos están los corazones de los gobernantes, guíalos según tu voluntad, para que gobiernen en tu gracia y lleven la paz a sus pueblos, pues nada es imposible para ti.
Encomendémonos también a nuestra Madre María, Madre de Dios, pidiéndole que interceda por nosotros ante el Señor para obtener el don tan deseado y necesario de la paz, tanto en nuestros corazones como en todo el mundo.
Oh Santísima Virgen, Oh Puerta del Cielo, Oh Madre de Misericordia, Oh Delicia de Dios, ruega por nosotros, pues sabemos que Aquel que te concedió la dignidad de la Maternidad divina no te negará nada. Amén.


