Para millones de personas en todo el mundo, el fútbol es una fuente de identidad, pasión y comunidad. Sin embargo, para nosotros, los cristianos, el fútbol también puede ser una oportunidad para reflexionar sobre los valores que realmente lo convierten en «el deporte rey».
Quizá no todos sepan que el fútbol tiene un santo patrono: San Luis Scrosoppi. Este sacerdote italiano del siglo XIX no fue futbolista ni entrenador, pero supo reconocer en el deporte un medio privilegiado para ayudar a los jóvenes a crecer en el carácter, la disciplina y el trabajo en equipo.
Luis Scrosoppi (1804–1884) dedicó gran parte de su vida al servicio de los pobres, en una época marcada por el creciente anticlericalismo en Italia. Nació en Udine, en el seno de una familia profundamente creyente, y era hijo de un joyero. Sus dos hermanos mayores, Carlo y Giovanni, ya habían sido ordenados sacerdotes antes que él.
A los veinticinco años, un año antes de su ordenación sacerdotal, Luis se unió a un grupo de jóvenes sacerdotes y maestros dedicados a la educación de niñas pobres y abandonadas de Udine y de las zonas rurales de los alrededores. Juntos trabajaron incansablemente para recaudar fondos y fundaron una institución que llegó a acoger a más de 300 niñas en un edificio conocido como la Casa de la Providencia. Scrosoppi escribió: «La Providencia de Dios es grande. Él prepara los corazones para realizar su obra; así nació este instituto».
También reunió a un grupo de jóvenes a quienes enseñó costura y otras habilidades prácticas. En 1837, nueve de ellas fundaron la Congregación de las Hermanas de la Providencia, que recibió el reconocimiento oficial del papa Pío IX en 1871.
En 1846, Scrosoppi se incorporó a la Congregación del Oratorio de Udine. Sin embargo, durante la década de 1860, las políticas anticlericales del gobierno del Risorgimento provocaron el cierre del Oratorio. A pesar de estas dificultades, las Hermanas de la Providencia continuaron fielmente con su misión.
Con el paso de los años, Scrosoppi comprendió que había llegado el momento de confiar plenamente la obra a las Hermanas. Aun así, siguió manteniéndose muy unido a ellas mediante cartas llenas de sabiduría espiritual, amor a Cristo y una confianza inquebrantable en la Providencia de Dios.
En 2010, san Luis Scrosoppi fue reconocido oficialmente como patrono del fútbol. No se trató de una elección casual. Un grupo de estudiosos, con el apoyo de las autoridades eclesiásticas, buscó un santo que encarnara los valores auténticos de este deporte: el trabajo en equipo, el respeto por los demás, la educación de los jóvenes y la alegría que nace de entregarse al servicio de los demás. En san Luis encontraron todas estas virtudes.
Hoy en día, el fútbol suele asociarse con la fama, el dinero, las emociones intensas y, en ocasiones, con una auténtica idolatría. Sin embargo, el verdadero corazón de este deporte se encuentra en otro lugar: en los niños que juegan juntos, en los entrenadores que buscan educar más que simplemente ganar y en las familias que acompañan y apoyan fielmente a sus hijos. El papa Francisco nos recordó que el fútbol es un deporte de equipo y que nadie triunfa solo.
Del mismo modo, el papa León XIV ha subrayado que el deporte puede ayudarnos a crecer en nuestra relación con Dios y con el prójimo. Estos son precisamente los valores que san Luis Scrosoppi vivió cada día de su vida.
San Luis nos recuerda que las mayores victorias no son las que aparecen en el marcador, sino las que se alcanzan en el corazón de la persona. Ese es el estilo de vida que Scrosoppi nos invita a abrazar.
Tanja Cilia
Amiga de la SDC


