Eugenio Borg fue el primer Superior General de la Sociedad de la Doctrina Cristiana (SDC). Desde hace varios años, la SDC y la Iglesia en Malta trabajan en su causa de beatificación, con la esperanza de que algún día Eugenio Borg sea declarado Beato, al igual que san Jorge Preca fue beatificado antes de ser canonizado.
Una sabia elección
Cuando el P. Jorge eligió a Eugenio Borg, hizo una elección muy acertada. Reconoció en él las cualidades necesarias para quien, con el tiempo, asumiría la responsabilidad de dirigir la Sociedad que acababa de fundar. El P. Jorge continuó formándolo y acompañándolo, ayudándolo a convertirse en un miembro trabajador y de corazón generoso.
El P. Jorge soñaba con fundar una sociedad de catequistas capaces de ofrecer una sólida formación cristiana. Entabló amistad con un grupo de jóvenes que solían reunirse frente a la iglesia de Ħamrun. Habían recibido poca formación religiosa y pasaban el tiempo fumando, hablando de fútbol y bromeando entre ellos. Jorge, que por aquel entonces todavía era seminarista, comenzó a reunirse regularmente con ellos y a enseñarles acerca de Dios, de Jesucristo y de otras verdades importantes de la fe cristiana.
Poco a poco se hizo amigo de ellos y desarrolló un vínculo especialmente estrecho con Eugenio Borg, un joven trabajador e independiente. En una ocasión, el P. Jorge invitó a Eugenio a acompañarlo a dar un paseo el domingo siguiente. Le dijo que llevara algo para comer y su Biblia. Aquel fue el primero de una serie de encuentros durante los cuales el P. Jorge explicaba las Sagradas Escrituras a Eugenio, quien con el tiempo llegaría a ser el primer Superior General de la SDC.
Trabajador del Astillero
Eugenio trabajaba en el Astillero, donde era conocido por ser trabajador, responsable y preciso. No eludía sus responsabilidades ni trabajaba deliberadamente con lentitud simplemente para dejar pasar el tiempo. Algunos compañeros del mismo taller recordaban que no permitía que nadie lo distrajera conversando durante las horas de trabajo.
Era respetado por sus compañeros, aunque algunos intentaban provocarlo de vez en cuando. Eugenio reaccionaba con paciencia. Incluso cuando alguien que lo había molestado le pedía después prestada alguna herramienta, se la prestaba sin quejarse.
El 2 de febrero de 1907, el P. Jorge comenzó a reunir a los jóvenes en una pequeña iglesia de Ħamrun. Más tarde, alquiló una modesta casa de pocas habitaciones en el número 6 de la calle Fra Diegu, en Ħamrun. Fue allí donde tuvo lugar la primera reunión.
Pocos días después, el P. Jorge dijo a los miembros que, a partir de aquel momento, no quería que fumaran. Fumar era muy común en aquella época, pero el P. Jorge quería enseñarles el valor de la renuncia. Eugenio era un gran fumador. En cuanto escuchó la petición del P. Jorge, sacó del bolsillo su paquete de cigarrillos, lo aplastó y nunca volvió a fumar un cigarrillo.
El P. Jorge también inculcó en los miembros un profundo amor por el Evangelio, porque a través de él encontramos a la persona amada de Jesucristo. Solía decirles: «Sean amigos del Evangelio». Eugenio tomó muy en serio estas palabras. Llevaba consigo al trabajo algunos pasajes de la Biblia y, durante el descanso, buscaba algún rincón tranquilo donde pudiera leerlos y reflexionar sobre ellos.
Una vida de servicio
Todos los días, después del trabajo, Eugenio se desplazaba a pie o en bicicleta a diferentes pueblos para enseñar el catecismo a niños y jóvenes. Los domingos los llevaba a pasear por el campo.
Eugenio Borg y san Jorge Preca
Eugenio y los demás miembros no se conformaban únicamente con enseñar a los niños. Aprovechaban toda oportunidad para compartir el mensaje cristiano también con los adultos. Reunían a la gente y les dirigían alguna palabra de bien o les ofrecían alguna enseñanza cristiana en salones de té, clubes, plazas públicas y otros lugares de encuentro. Quienes los escuchaban quedaban a menudo impresionados por su entusiasmo y, en más de una ocasión, sus palabras ayudaron a algunas personas a cambiar de vida.
El P. Jorge enseñaba a los miembros a no dejar pasar nunca una oportunidad de hacer el bien. En una ocasión, Eugenio se encontraba cerca de la Aduana de Floriana, a las afueras de La Valeta, cuando oyó blasfemar al conductor de un coche de caballos. El hombre parecía fuerte y bastante pendenciero.
«¡Habla como es debido!», le dijo Eugenio.
«¿Qué has dicho?», respondió el cochero, fingiendo no haber entendido.
«¡Habla como es debido!», repitió Eugenio, pero el hombre volvió a fingir que no lo entendía.
Entonces Eugenio se acercó a él y le dijo con firmeza: «¡Habla como es debido!».
Sorprendido por la determinación de Eugenio, el cochero finalmente respondió: «Está bien, señor».
Estos son solo algunos episodios de la vida de Eugenio Borg. Nos invitan a recordar en nuestras oraciones a este Siervo de Dios: para que un día la Iglesia pueda declararlo Beato y para que, por su intercesión, podamos pedir a Dios las gracias que necesitamos para nosotros mismos y para los demás.
Joe Galea
Miembro de la SDC

