Eugenio Borg ocupa un lugar único en la historia de la Sociedad de la Doctrina Cristiana (SDC) como el colaborador más cercano de San Jorge Preca y su primer Superior General. Nació en Senglea el 24 de julio de 1886 y, siendo aún niño, se trasladó con su familia a Ħamrun, donde la Providencia fue preparando el camino que marcaría el resto de su vida.
Mientras trabajaba como modelista en los Astilleros, Eugenio dedicaba su tiempo libre a reunirse con un grupo de jóvenes cerca de la iglesia de San Cayetano, en Ħamrun. Sus vidas cambiaron profundamente cuando el joven seminarista Jorge Preca se acercó a ellos y comenzó a hablarles de la Pasión de Cristo.
Profundamente impresionados por su humildad y su fe, los jóvenes le pidieron que regresara, y aquellos encuentros periódicos fueron transformando poco a poco sus corazones.
Al descubrir las cualidades de liderazgo y la gran generosidad de Eugenio, Preca comenzó a formarlo personalmente mediante la oración, la Sagrada Escritura y largos paseos, preparándolo para convertirse en uno de los principales pilares de la SDC desde sus primeros años.
A medida que la SDC iba tomando forma, Eugenio abrazó sus exigentes ideales con total entrega. Renunció voluntariamente a hábitos incompatibles con el Evangelio, aceptó una vida de sencillez y sacrificio y se consagró por completo a Dios y al apostolado.
En 1907 pasó a formar parte del primer grupo que comenzó a reunirse en el primer centro de la SDC, situado en la calle Fra Diegu, donde los miembros recibían la formación espiritual que definiría el carisma de la Sociedad.
Hacia 1910, San Jorge Preca lo nombró primer Superior General de la Sociedad y le confió la responsabilidad de guiar aquel movimiento en constante crecimiento. Bajo su dirección prudente y humilde se establecieron nuevos centros más allá de Ħamrun, mientras que el espíritu misionero sembrado por el Fundador impulsó posteriormente la expansión de la SDC hasta Australia y Canadá.
A pesar de las críticas, las incomprensiones y la oposición, Eugenio permaneció firme, convencido de que la SDC era obra de Dios y de que la fidelidad, la humildad y la perseverancia darían frutos duraderos.
La fuerza del apostolado de Eugenio Borg brotaba de una profunda vida interior, cimentada en la oración, la meditación de la Sagrada Escritura y una ardiente devoción a la Sagrada Eucaristía. Estaba plenamente convencido de que nadie puede dar lo que antes no posee y, por ello, buscó siempre una unión cada vez más íntima con Cristo antes de enseñar a los demás. Su tierna devoción a la Santísima Virgen María alimentó aún más su vida espiritual e inspiró a cuantos lo rodeaban.
En reconocimiento a sus extraordinarios servicios a la Iglesia, el papa Pío XII le concedió en 1958 la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, un honor que aceptó no para sí mismo, sino en nombre de la SDC.
Tras su muerte, el 12 de marzo de 1967, la devoción a Eugenio continuó creciendo, lo que llevó a la apertura de su causa de beatificación en 1997. Hoy sigue siendo un modelo inspirador de santidad, humildad y celo misionero, recordando a los cristianos que la auténtica evangelización nace de un corazón totalmente entregado a Dios y se manifiesta en un servicio fiel a los demás.

